¡Yo siempre me quedé!

El miedo no llegó a conocer a Luisa Hernández Couto, paró antes de aproximarse.  La guajira desanda los solitarios montes en busca de sus vacas extraviadas. Sabe defender lo suyo de las bandas de ladrones que rondan muchas veces en las tinieblas de la noche, y lidia con las zozobras de lo que podría pasar ante una situación de emergencia, allá en La Lira, donde las mil voces claman a ver quién las puede escuchar.

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