Martí con aroma de tabaco
Hace 15 años fui a Santiago de Cuba y recorrí su parque Céspedes, la calle Enramada, algunos museos y la Ciudad Escolar 26 de julio, pero por supuesto, también llegué al cementerio Santa Ifigenia donde descansan los restos de José Martí. Tenía una deuda muy íntima con el Maestro y quería, en primer lugar, agradecerle por La Edad de Oro y por acompañarme desde los libros y en mis escuelas, donde su rostro de piedra siempre parecía cobrar vida para invitarme a ser fuerte, a no desfallecer.