Belice Blanco Garcés: LA NOVIA DE LOS AMANECERES
Ahora mismo está en casa, en el aislamiento social que se ha pedido, como debe ser. En el edificio Cinco Palmas, en la avenida Victoriano Garzón, en el segundo piso. No puede desandar Santiago, no puede subir, bajar. No puede echarse la cámara al hombro y documentar el día a día: el declive de la calle, el gesto del vendedor, el rostro de la quinceañera… pero Belice Blanco Garcés se las ha arreglado para seguir tocando la ciudad. Se levanta temprano, muy temprano. Va con su cámara, se envuelve en su amor, queda absorta. Y con esos aires suyos, entre medievales y contemporáneos, con esos ojos suyos inolvidables, me hace la confesión: «Desde mi ventana, atrapo amaneceres».